Meditación en Acción


El Observador

Esta es la técnica más potente que yo he conocido. Esta técnica meditativa es de hecho la esencia misma de todas las técnicas. Todas las técnicas que existen se reducen en su última instancia al observador. Esta no es una técnica para practicar durante una hora y después olvidarse de ella, sino una técnica para vivir meditativamente, para vivir en un estado de armonía, gracia y gozo. Un estado de imperturbabilidad espiritual.

La técnica consiste en observarse constantemente, sin descuidos, sin descansos, se esté haciendo lo que se esté haciendo. Observar con intensidad cuerpo, corazón y mente. Observar aquellas cosas que se hacen en soledad tan intensamente como aquellas que se hacen al interactuar con otros. Si uno se baña, se observa paso a paso con verdadero detenimiento cada paso, cada movimiento, cada acción. Se observan las sensaciones al desvestirse, el roce de la ropa, la respuesta del cuerpo a la temperatura ambiente, el contacto del pié al pisar distintas texturas y temperaturas. Se observa con detenimiento cada acción como abrir y cerrar puertas, abrir y cerrar llaves, el contacto del agua con el cuerpo, el enjabonarse, el shampoo, los olores, el enjuagarse, la temperatura del agua, el secarse, la fricción de la toalla, el vestirse, etc. Y se observan también todos los pensamientos que se disparan, los recuerdos y las emociones que estos provocan.

La técnica sigue a lo largo de las distintas actividades del día. Al manejar, desde que uno toma las llaves se observa su textura, forma, temperatura, su acarreo, el caminar hacia el carro, la inserción de la llave en la chapa, el abrir la puerta e introducirse, acomodarse en el asiento, introducir la llave, encender el motor, se observan los movimientos, las texturas del metal, plástico y tapicería, los sonidos y la vibración del motor, la sensación emocional de conducir, las sensaciones que se transmiten al rodar sobre el pavimento, los bordos, baches, el frenar, al acelerar, al voltear, etc.

Durante el trabajo se observan, igual que los dos párrafos anteriores todas las circunstancias que te rodean y todas las acciones que se emprenden. Los sonidos de los distintos equipos que se usen, así como la música de fondo o las voces de quienes te rodean. Durante el trabajo es especialmente importante observar las interacciones con los demás. Los pensamientos y actitudes que aparecen al ver a cada persona. Los pensamientos y actitudes que surgen al interactuar con alguien a quién consideras inferior en la jerarquía organizacional. Los pensamientos y actitudes que surjan al interactuar con alguien a quien consideres superior en la jerarquía organizacional, en la inteligencia también que inferioridad o superioridad se refiera también a conocimientos o experiencia en las áreas en donde uno no se considera experto. Durante el trabajo, igual que durante relaciones interpersonales diversas se observa la actitud y conductas con las que uno responde a la presencia de distintas personas. En estos caso es muy importante observar los distintos flujos emocionales que surgen de los diversos encuentros.

Al interactuar con amigos íntimos antiguos o recientes, compañeros sentimentales, conyugues o familiares se observa igual que en las situaciones anteriores cada contacto, cada conversación, cada encuentro prestando especial atención a las actitudes y conductas que se practican o inhiben apartándose de la propia espontaneidad. Las ganas de hacer algo que finalmente se reprime. La práctica de conductas prescritas a conveniencia de lograr algo o impedirlo, las emociones que fluyen, los resentimientos que afloran, los sentimientos que nos estimulan y la expresión o represión de estos. Los pensamientos que todo esto disparan y la resultante condición emocional de todo el proceso.

Es muy importante tomar en cuenta que el observador no debe ser implementado como una entidad crítica. Las circunstancias particulares de cada instancia se observan sin enjuiciar ni criticarse a uno mismo. El observador debe implementarse como una entidad no contaminada por prejuicios. Nada está bien, nada está mal. Solamente se observa y se toma nota del hecho. No se observa para hacer un diagnóstico de sí mismo ni para realizar una evaluación comparada contra un determinado esquema de conductas. Se observa con la más firme objetividad de traer a la superficie los patrones de conducta que se han consolidado durante nuestros años de experiencia vital. La intención es conocernos a nosotros mismos profundamente. Es muy importante no justificar ni explicarse a uno mismo el por qué se hacen las cosas. Esta es una forma sutil de evaluación, de la que uno no sale bien parado y a consecuencia se justifica. Paralelo a la observación es el constante reconocimiento de la realidad universal de cada quién. Todos somos criaturas copartícipes de la Divinidad, este es nuestro rango, don y derecho natal.

Este método pertenece al camino súbito. La conversión del ser mundano al ser Divino depende de un acto de consciencia. Este método al practicarse en el día con día instala y expande la consciencia ampliando las oportunidades de que el insight final se dé y de que estemos despiertos espiritualmente cuando esto suceda.

Es muy importante contar con la presencia cercana de un amigo íntimo compañero de camino a quién se pueda acudir cuando la niebla impida la visión. Un amigo ante quién puedas desnudarte y revelarte totalmente tal como eres, sin tapujos, sin escondrijos, sin máscaras, sin secretos y sobre todo ante cuya presencia puedas ser tu. Un amigo que no solamente respete tu libertad sino que la fomente aún en los casos cuando tu optes por tu propia represión. Un amigo cuyo compromiso ante ti y contigo sea ayudarte a llegar ante la presencia y fusión con El Maestro. Maestro que cada quién encuentra finalmente en lo más profundo de su ser. Un amigo que te ayude a cortar la dependencia de la aprobación externa y te ayude a validar cada ves más tu individualidad, tu floración y tu comunión con lo Eterno.

Con Amor

Donnato

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